... y otras adicciones  

Posted by Srita. Melancolía in , , ,

Por definición, todas las adicciones son enfermizas y, por tanto, perjudiciales. Se supone que es algo que no puedes controlar y que termina afectando otros espacios de tu vida cotidiana. Dice el diccionario de la Real Academia de la lengua Española en su segunda acepción para ‘adicción’ que es una ‘entrega, una adhesión desmedida’. Así planteado no puedo hacer otra cosa que confirmar que no soy adicta al café ni al vino. Sin embargo, tengo algunos gustos desmedidos por ciertas cosas, aunque sólo dos pueden calificarse de ADICCIONES: la lectura y la música.


No recuerdo desde cuándo empecé a leer, sé que fue cuando estaba en la primaria y era una niña solitaria, gordita y de lentes que pasaba las tardes leyendo las aventuras de Trixie Belden (o sea, no era la típica niña deportista que juega con los vecinos… para nada). El caso es que no me imagino sin esta adicción. No imagino qué opiniones tendría, qué haría en mis momentos de tristeza, aburrimiento, vacío. Muchos de mis conceptos, de mi propia forma de entender el mundo, han sido forjados en horas de soledad y diálogo con muchos autores con quienes ahora tengo una gran deuda espiritual. Dirán ustedes, como mucha gente me ha dicho, que esta es una adicción ‘buena’. Tal vez, si la comparamos con otras que son mucho peores.
Pero en mi caso, tengo que reconocer que es una adicción seria y que como tal afecta otras áreas de mi vida cotidiana: paso mucho tiempo leyendo, gasto mucho dinero en libros (al menos proporcionalmente con el ingreso que percibo), acumulo libros, tengo rendimientos bajos en la oficina porque hay veces que me quedo literalmente sin dormir por estar leyendo (esta semana gracias a Doris Lessing andaba yo escribiendo hasta con faltas de ortografía al día siguiente, porque no hubo café ni menjurje capaz de despertarme), muchas ocasiones prefiero la compañía de un libro a la compañía de alguien ‘de verdad’. Un libro puede ponerme feliz o puede deprimirme muchísimo, o dejarme pasmada por varios días. Jamás me enamoraría de alguien a quien no le gustara leer.

Creo que con esto de las adicciones, como bien decía alguien en un comentario del post pasado, llega un punto en el que no hay retorno. Recuerdo la película de La Pequeña Costurera (espero que alguien la haya visto): la pequeña costurera era una campesina de China que tenía una vida ordinaria y feliz hasta que dos jóvenes llegan con muchos libros prohibidos por la revolución cultural, le enseñan a leer, le prestan libros y transforman su mundo. Llega un momento en el que ella ya no es la campesina que vimos al principio, ahora tiene muchas dudas, muchas inquietudes, muchas inconformidades. Así que decide dejar su aldea. Cuando va rumbo a la ciudad, su abuelo la alcanza, habla con ella y le dice que la culpa la tienen esos muchachos que han venido a llenarle la cabeza con tonterías. Ella con una mirada súper seria y triste le responde a su abuelo que no, que la culpa es de Balzac.
La lectura suele tener ese efecto: el de sacarnos de la comodidad de una interpretación preestablecida del mundo, para meternos en la angustia de tener dudas y empezar una búsqueda de certezas, que a menudo resulta infructuosa porque las dudas siempre pueden crecer más y se multiplican con facilidad; mientras que las certezas, aunque también resultan poderosas, suelen ser pequeñitas y difíciles de encontrar.

En mi caso, los libros tienen la culpa de que sea tan grinch, de que me cueste tanto encajar en los grupos, de que siempre esté inconforme o indignada con alguna situación, de que me la pase formulándome preguntas dignas de un golpe del oso bipolar aparecido hace unos posts. La culpa de que a veces crea que puedo volar, también.

No Coffee  

Posted by Carlos in , ,

Siempre me he considerado una persona "no normal". Entre mis "no-normalidades" está el que no me gusta el café. No es que no lo pueda tomar (como el caso de Nati) o que sus efectos me hagan daño, es simple y sencillamente que no me gusta.
Ya hasta me he acostumbrado a ver la cara de la gente en una conversación común:

- ¿Te sirvó café?
- No, gracias, no tomo café
- ...

- Oye, a ver que día nos vamos a tomar un café
- Mmh, es que... no tomo café
- ...

Y es precisamente esa "no-normalidad" que a veces hasta me ha aislado. Veo a la gente que se va a compartir el café con la demás gente. ¿Y yo? ¿Yo qué comparto? ¿Porqué no hacen un café para los que no nos gusta el café? o mejor aún, ¿porqué no desaparecer al café?
A fin de cuentas es una droga más, es un producto vegetal que afecta al organismo (crea adicción, altera el sistema nervioso, provoca gastritis)

Sí que si, habrá que hacer un compló y secuestrar todas las reservas de café, enterrarlas a la altura de los yacimientos de petróleo y desaparecerlas un rato de la Tierra.

Viva el té, muera el café.

CAFÉ, vino y otras adicciones  

Posted by Srita. Melancolía in ,

Como podrán ustedes ver, el tema de la quincena es CAFÉ, vino y otras adicciones. Por qué se nos ocurrió el prefijo de café y vino para hablar de adicciones? Pues la verdad no me acuerdo, pero supongo que porque supusimos que eran las ‘adicciones’ más comunes. Ahora, si tomamos que vino igual a alcohol, entonces es probable que estemos en lo cierto. Lo que sí de plano no me logro acordar es de dónde salió lo del café y creo (espero no decepcionarlos estimados lectores) que fue porque el día que elegimos temas andábamos tomando café refill.

Pero de entre todas las adicciones que tengo, debo hacer la aclaración de que ni el café ni el vino entran. Aunque hubo un tiempo en que el café casi – casi. Pero mejor no, y aquí les cuento las tres razones por las que lo abandoné (así me curé del vicio ja!):

Porque antes que iba sola a los cafés a tomar café, leer y de paso sacar anotaciones para mis materias o mi tesis solía encontrarme gente que iba a lo mismo o cosas parecidas y observándolos llegué a la conclusión de que eso es increíblemente intelectualoide. No dudo que en algunos casos sea una conducta auténtica, pero debo decir que la mayoría de mis sujetos de observación eran tipos y tipas que se ponían la ropa más pandrosa que encontraban, se metían a un café cargando libros y asegurándose de que cualquiera pudiera ver la portada de los mismos y después de estar un rato ahí sentados tomando café compulsivamente, se juntaban con gente pandrosa como ellos y se ponían a discutir en voz CONSIDERABLEMENTE ALTA cuestiones bieeeeeeeen elevadas así como “oh no, yo creo que el Gabo (ja, es típico de los intelectualoides decirle Gabo a García Márquez) bla bla bla”. Todo ello por supuesto con ‘cafés y cigarrillos’ en abundancia de por medio (sii, igualito que en la película de Jim Jarmusch). O sea, que el vicio del café, es un vicio adquirido yo diría que en muchas ocasiones a fuerza por los muchos imitadores del Club de la Serpiente.

Después de esto, pues hubo un tiempo en el que de plano en mi casa no podía estar mucho rato, así que mejor cambié de cafés y dejé de ir a los del centro, que son el punto de reunión de intelectualoides. Y en los cafés NO intelectualoides me chocaba que… siempre me encontraba a alguien ‘normal’ y conocido que se acercaba a saludarme y mirarme con cara de sorpresa-espanto-horror cuando se daban cuenta que iba sola. No faltaron las almas caritativas que incluso me ofrecieron pasarme a sus mesas para que “no estuviera solita”. Como si la soledad o el zapato me apretaran el alma. (aclaro que NO ME MOLESTA salir sola, lo que me molestaba era el choucito ése de ‘vienes solaaaaaaa’??)

Finalmente, y ésta probablemente sea la razón más poderosa: porque mi gastritis no tolera más de una taza de café diaria y porque en los cafés siempre me daban ganas de comprar pastelito o galletas, lo cual no era en absoluto bueno para mis finanzas ni para mi peso.

Ya sé que este post estuvo bien piña, pero es que si conozco a alguien que me diga que es “adicto al café” pienso en automático que es un intelectualoide hecho y derecho. Y la verdad es que los intelectualoides no son mis personas favoritas en el mundo.

Conclusión: si no quieren parecer intelectualoides, tomen café sólo si de verdad les gusta mucho el sabor, ni siquiera es bueno para la salud (y de hecho es NO DAÑINO únicamente si se lo toman sin crema y sin azúcar).